Crianza sin Violencia

La violencia hacia los hijos nos hace olvidar quienes somos y el rol que asumimos cuando decidimos ser papas. El comentario común de, no recibimos lecciones para serlo es cierto, pero como en tantas otras áreas de la vida, también en la de crianza saludable ha habido cambios y avances importantes. Y es nuestro deber actualizarnos.

Los padres somos los principales responsables del cuidado y protección de los niños desde su infancia hasta su adolescencia.

Es hora de revisar creencias mitológicas, en cuanto a la crianza, como por ejemplo:

1. Aprenderán por las buenas o por las malas. Los daños psicológicos en niños maltratados por sus padres son parte de los resultados de investigaciones importantes. Son consecuencia de modelos autoritarios intrafamiliares. Por otra parte los niños aprenderán a ver el maltrato como un modo de vida, y asi como fueron maltratados, maltrataran a sus compañeros, amigos, luego a parejas e hijos. De acuerdo a esto, las teorías del aprendizaje social y sus representantes consideran que la disposición a la conducta agresiva es el resultado de un proceso de aprendizaje

2. A mí me criaron con correa y aquí estoy. No todas las personas están conscientes de las emociones negativas que trajo como consecuencia este modo de control. Un mito puede ser este, pero el perfil de personas sujetas a estos maltratos por parte de papas sugiere en la mayoría de los casos: falta de autoestima, aislamiento social, insatisfacción personal, inseguridad, sentimientos de infelicidad. Aunque en algunas personas prevalezca el espíritu resiliente, la violencia es una huella de vida.

3. Si nos mostramos blandos nuestros hijos abusaran. Otro mito que impide mantener una relación de respeto con nuestros hijos. Los límites claros son muy importantes y es parte del aprendizaje en casa. Lo recomendable es implementarlos bajo una visión de ver al otro como un igual en función de sus propios pensamientos, emociones. Un alguien que merece ser tan considerado como nosotros. El ambiente democrático aumenta la seguridad, estabilidad, autocontrol, mejor autoestima, mayor autonomía.

4. Las risas en casa solo traen relajo. La distancia emocional y falta de vínculos separa a los miembros de la familia. El humor al contrario, tiende a mejorar las relaciones, incluso desde una visión neurológica. Las risas vinculan a los miembros de la familia. Propician además el aprendizaje y la armonía. Donde hay alegría hay menos violencia.

5. Hay que gritar más fuerte para que sepa quién manda aquí. No solo los golpes afectan las relaciones en casa. También los gritos y ofensas agrietan el apego familiar. La comunicación cercana y abierta, en cambio, genera confianza. Una confianza que será la base para cuando los chicos inicien su etapa de adolescencia. Así, los mensajes y supervisión de papas serán parte de la dinámica diaria, con menor resistencia.

Los padres que no han aprendido a controlar su propia rabia no podrán enseñar a sus hijos como hacerlo. Y sin embargo, esa enseñanza es esencial para el bienestar de los niños, la familia, escuela, sociedad. La Inteligencia Emocional es un camino para controlar estos estados internos, para enseñar con nuestro ejemplo y nuestras palabras.

Tengamos presente que siempre será una aventura y mejor apuesta tener un trato respetuoso con nuestros hijos. Donde resalten los sentimientos positivos y ausencia de agresiones físicas, verbales, morales. Conectarnos con sus necesidades y desde una relación en sintonía podamos criar mayor cantidad de familias en armonía.

Todo empieza desde el amor y la decisión de capacitarnos para ser modelos y dirigentes de una crianza saludable.

En conclusión, la invitación es a utilizar un estilo de crianza donde la conducta agresiva no sea la protagonista sino el refuerzo positivo como el abrazo, el beso diario, el diálogo, el respeto y la comprensión, donde los padres ejerzan la autoridad y el afecto de forma cercana y equilibrada.

Manos al amor.

Psic. Yajaira Nucette

Directora de Albatros Consultoría Integral

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